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LOS OCHO BILLONES DE CARACTERES DE DIOS

por Xmax

Un pitido brotó del minúsculo altavoz de la terminal de Ricardo. Se trataba de una terminal tonta, de las más vulgares, salida de la más pequeña partida presupuestaria de los fondos del Ministerio de Educación español.

Ricardo, a la sazón hojeando un tebeo de Star Wars, se sobresaltó. ¿Acaso el sistema volvía a caer otra vez? ¿Acaso se perderían todos los archivos que tan costosamente había obtenido mediante la minuciosa exploración de Internet con el Ftp?

Por la pantalla, ahora silente, se deslizaban los símbolos alfanuméricos (y también de puntuación, porque no decirlo)...

p->sig = *cms++;

overflow = ps[pkn][amcmk][a];

clr_break--;

... etcétera...

"Se trata de un listado", pensó sorprendido Ricardo mientras, con un súbito acceso de adrenalina, se daba cuenta de que algo fuera de lo común estaba ocurriendo en su terminal. "Si por lo menos dispusiera de una conexión a impresora para obtener una copia..." pensó, desesperado. Rápidamente, oprimió la tecla de bloqueo de desplazamiento y comenzó a inspeccionar el listado desde el principio, buscando comentarios que le permitieran identificar el listado misterioso.

Sin embargo, nada de esto pudo encontrar. En la cabecera del programa, tras los include, no había la menor pista. Simplemente empezaba con un "void main (void)", algo absolutamente vulgar. "Es un programa...", pensó mientras esperaba que su cerebro procesara la información y obtuviera alguna conclusión mejor, "un programa de longitud indefinida", pensó. Si ahora desactivara el bloqueo de desplazamiento, el listado sería mostrado a toda velocidad en la terminal y se perdería para siempre, excepto las últimas páginas. "¡No!", se dijo resuelto a evitarlo. "¡Yo lo copiaré! ¡Y a mano! Y si resulta ser una revelación divina que se manifiesta a través de mi terminal, más o menos como Yahvé dictó a Moisés las tablas de la ley, ¡yo seré su profeta!"

Pasó los siguientes cinco días con sus cinco noches encerrado en el Departamento de Algebra, Computación, Geometría y Geología copiando el listado. Para ello usaba otra terminal tonta vecina. El caso es que ya llevaba doscientas páginas copiadas y, aparte del dolor en las manos, no había conseguido el más leve atisbo de finalización. ¿Se trataría de un programa sin fin? Sus nervios no aguantaban más, pero después de copiar las doscientas páginas no quería dejarlo. Sin embargo, seguía sin tener la más mínima pista: cualquier intento de compilar el programa invariablemente daba los errores típicos correspondientes a los programas incompletos.

Por la tarde del miércoles, el catedrático del departamento y la becaria Ana acudieron a hablar con él.

- Que hay, Ricardo... parece que tienes un proyecto interesante entre manos - dijo el catedrático, con su suave voz que por algún motivo parecía pegar como anillo al dedo con su barbita.

- Bah, es sólo un experimento que estoy haciendo... una forma de entretenerme... - dijo Ricardo, procurando desviar la atención del tema.

- ¡Hombre! Pues están de moda los experimentos. Tu compañera Ana lo ha hecho recientemente... pero mejor que te lo cuente ella.

- Sí, un programa de broma, ¿sabes?, - dijo Ana, mientras se dedicaba a encender una terminal cercana a Ricardo- lo pensé para enmascarar ficheros fuentes. Lo que hace es facilitarte un fichero falso, con los includes al principio, ¿sabes? Y el resto, pues aleatorio, se genera al azar escogiendo líneas de diferentes ficheros.

- Ah, muy interesante - dijo Ricardo, sin apartar las manos del teclado ni la mirada de la otra terminal.

- Míralo, aquí está. ¡ Huy !, pero si lo he dejado lanzado en un proceso! Menos mal que me he dado cuenta. ¡Si lo llega a ver funcionar alguien, menudo susto podría haberse llevado!

"Esto que está diciendo me sugiere algo", pensó Ricardo, "pero, ¿qué?"